La Leyenda Del Hombre Pez

Esta aparición se presentó durante muchos días de manera recursiva, como si de una pesadilla se tratara. Los pescadores, extrañados y seducidos por la iniciativa de poder capturar a una criatura que parecía salida del averno, decidieron pescarlo, usando para ello pan como cebo, y cercándolo de a poco con el apoyo de sus redes. Una vez consiguieron apresarlo y subirlo a cubierta, se percataron de que era un joven de talla corpulenta, con tez pálida y un cabello cobrizo y ralo, que presentaba una línea de escamas desde la garganta hasta el estómago, y otra que se perfilaba por su espina dorsal. Las uñas parecían gastadas, como de ser erosionadas por la acción del salitre. Domingo de la Cantolla, quien era secretario del Beato Oficio de la Inquisición, apoyó esta afirmación al confesar que él era de ese rincón.

la leyenda del hombre pez

Buscador de hoteles y alojamientos en Cantabria, sus restaurantes, bienes y prestaciones, así como Guía completa de Turismo, Historia y Geografía de nuestra Región. Tras la inmediata y también inopinada pérdida de su hijo, y frente a la imposibilidad de organizar una batida, Francisco y María pasaron el duelo, sin albergar esperanzas de volver a reencontrarse con su primogénito. Y, al revés que con La sirenita de Dinamarca, que sigue alejada del ajetreo de Copenhague y de sus visitantes, el Hombre pez admite compañía a fin de que te sientes a su lado a remojarte los pies en el Miera y dejes que te inunde la hermosura de Liérganes a tu alrededor. Eso sí, ten cuidado, pues Francisco sabe muy bien que en ocasiones la llamada del río es irreprimible y que ya jamás desearás marcharte. Y es que según el médico toda la historia podría detallarse como un caso de cretinismo por la parte de Francisco.

Unos cinco años más tarde, en 1679, mientras que unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció un ser acuático extraño, con apariencia humana. La insólita aparición se repitió por múltiples días, hasta el momento en que al final pudieron atraparle, cebándole con pedazos de pan y cercándole con las redes. La obra del artista cántabro Javier Anievas Cortines representa en bronce a un joven Francisco de la Vega Desposar, desvisto y descalzo , contemplando el paso del río Miera bajo el puente romano. Quienes han visitado la estatua resaltan su expresión pensativa, ciertos afirmarían que melancólica, y las escamas que le recorren pecho y espinazo, como recopila la historia de historia legendaria. Una obra de arte que no solo refleja el cariño del pueblo por su historia de historia legendaria, sino asimismo conecta con lo que sentimos en el momento en que pensamos en el agua y en el hogar.

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En su honor, hoy prosigue habiendo una \’piscina del rey\’ donde los pasajeros modernos pueden sumergirse y relajarse, al igual que lo logró otrora su majestad. [newline]Es el apodo de Francisco de la Vega Desposar, transformado con el pasar de los años en un ser legendario que forma parte a la conocida mitología de Cantabria. Por tanto, es el momento más que perfecto para conocer lo que hay tras esta historia. El Centro está ubicado en un molino de 1667, dedicado a la vez a la figura del hombre pez y a argumentar el desempeño de un molino de la temporada, puesto que el municipio logró reparar su mecanismo original. Situado al lado del puente romano y a orillas del Miera, el Centro se inauguró al unísono que la estatua que descansa a su lado. Y es allí, en el pueblo de Liérganes, dónde una figura honra la memoria de este personaje de leyenda.

Este hombre fue conducido al monasterio de monjes de San Francisco, ya que no lograron hacerle hablar. Solo un día, ahora en el convento, le escucharon tartamudear la palabra Liérganes, nadie hubiera conocido su procedencia si no fuera por D. Domingo de Cantolla, por aquel tiempo secretario del Santurrón Oficio de la Inquisición y un monje que volvía de Jerusalén y debía atravesar la península de sur a norte y de nombre Juan Rosendo, y que compadecido, decidió llevarlo de vuelta a su casa. Durante un tiempo vivió tranquilo y nada parecía interesante para él, solía andar descalzo incluso en ocasiones desvisto y no hablaba con absolutamente nadie, pudiendo llegar a no comer durante días.

El suceso corrió de boca en boca por la bahía de Cádiz y nadie encontraba explicación alguna al vocablo hasta el momento en que un joven cantabrio que había emigrado para trabajar en Cádiz, (un jándalo), comentó que en Cantabria había un pueblo que se llamaba de esta manera. Asimismo el entonces secretario del San Trabajo de la Inquisición, Domingo de la Cantolla, confirmó esa afirmación ya que él era de allí. Verdad o historia de historia legendaria, caló hondo en el imaginario del pueblo, tanto que hoy tiene un centro de interpretación y una estatua de bronce bajo el Puente Mayor, que representa al joven minutos antes de sumergirse en las aguas del Miera para perderse rumbo al mar.

El resto, ya cansados retornaron a por las pertenencias con la certidumbre de que Francisco les rebasaría antes de llegar a tierra, al arribar descreídos otearon en el horizonte un puntito que desaparecía en la línea del mar. El mar le volvió a engullir y jamás más absolutamente nadie supo de él, pero la historia de historia legendaria del hombre de Liérganes pez quedó arraigada para siempre entre los habitantes de este singular pueblo. Este suceso empezó a cobrar un especial protagonismo en la Bahía de Cádiz, pero nadie era con la capacidad de saber qué era aquello que había exclamado el enigmático hombre pez. A los pocos días, un joven mozalbete, que había migrado a Cádiz en pos de trabajo, lo que irrespetuosamente se conoce como jándalo, refirió que en el norte de España, en concreto en Cantabria, había una pequeña ciudad que se llamaba de este modo. Para más inri, el que por aquel entonces era secretario del San Trabajo de la Inquisición, Domingo de la Cantolla, confirmó este supuesto, en tanto que de manera casual él era de allí.

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Nos atrae saber cuáles son los misterios y las historias que convierten un espacio en algo casi mágico. Ya que bien, existe en los Vales Pasiegos un pueblecito con una leyenda centenaria, la crónica de un vecino del pueblo que cayó al río y se transformó en pez. Charlamos de Liérganes, un ayuntamiento de colosal valor histórico artístico en Cantabria. Corría la víspera de San Juan del año 1674, y Francisco, el segundo de los cuatro hijos de la pareja, disfrutaba de un apacible día nadando en el río Miera junto a unos amigos. Sus amigos, que sabían de sus dotes, no le echaron en falta hasta pasadas unas horas, en el momento en que pudieron constatar que había desaparecido.

la leyenda del hombre pez

Nueve años después de su regreso a casa y realizando la labor de llevar una carta a Santander, al divisar la bahía, se estima que se arrojó al agua con un grito de frenesí y desapareció entre las olas para perderse y jamás mucho más se volvió a saber de él. Al ver lo que sucedía, un fraile del convento de San Francisco quiso acompañar al joven hasta el ayuntamiento cantabrio. No tardó en darse cuenta de la verdad cuando Francisco fue de forma directa a la vivienda de su madre, y esta le reconoció como su hijo.

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Si conoces un tanto la mitología cantabria, posiblemente hayas oído charlar alguna vez del mito del Hombre Pez de Liérganes. Esta historia ha servido de sustrato imaginativo para los pobladores de las pedanías de este pueblo, que han fantaseado y teorizado durante decenios acerca de lo que le ocurrió a Francisco, hijo de Francisco de La Vega y María de Desposar, que sería popular como el Hombre Pez. La primera reseña que logramos hallar respecto al Hombre Pez es en el ‘Teatro crítico universal’ de Fray Benito Jerónimo Feijoo, en el volumen VI. Con el paso del tiempo, en concreto en el año 1877, José María Herrán decidió escribir un libro que llevó por título ‘El hombre-pez de Liérganes’. Puesta sobre una roca frente al puerto de Copenhague, la escultura de bronce, obra del escultor danés Edvard Eriksen, se ha convertido en el símbolo mucho más sobresaliente de la ciudad, y es habitual ver una multitud apretujándose para poder ver su melancólica pose.

Elhombre pez de Liérganes, alias deFrancisco de la Vega Desposar, es un ser legendario de la mitología de Cantabria.

Tras llevar noticias al pueblo y preguntar si había tenido rincón algún hecho extraño, desde Liérganes contestaron que lo único reseñable había sido la desaparición de Francisco en las aguas del Miera. Para revisar si esa pudiera ser la identidad del extraño ser acuático, un fraile acompañó al hombre pez hasta Cantabria, donde la criatura se dirigió derechita a casa de María de Desposar, que al instante le reconoció como Francisco, igual que el resto de sus hijos. A continuación, llegó la noticia a Liérganes para averiguar si había pasado algo extraño en los últimos años y desde Liérganes respondieron que únicamente se había registrado la desaparición de Francisco de la Vega, cinco años atrás. Entonces Juan Rosendo, un fraile del convento, acompañó a Francisco hasta Liérganes para revisar si era cierto que era de allí y a la altura del Monte de la Dehesa, Francisco se adelantó y fue directamente hasta la casa de María de Casar, que rápidamente lo reconoció como su hijo.