Leyenda La Promesa

Apareció un juglar recitando cantigas por una de las tiendas de campaña y el conde se detuvo a escucharla, ya que el tema le interesaba. Tras escucharlo se dio cuenta que Margarita había sido asesinada por su propio hermano, y que en su entierro la mano de la joven sobresalía de la tumba y en ella estaba el anillo que el conde había puesto. El conde llegó hasta Gómara para casarse con el cadáver de Margarita y de esta forma su mano al fin se hundió. Tiempo después, ya conquistada Sevilla, el Conde decía ver una mano misteriosa por todos los sitios, que aun le había salvado la vida en una ocasión. Un día oyó cantar a un juglar que recitaba una historia donde se hablaba de una joven, deshonrada por un noble, el que era su apasionado, que le había hecho la promesa de regresar y casarse con ella y no la cumplió.

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Tras estos no tardaron en aparecer los aparejadores de las máquinas, con sus herramientas y sus torres de palo, las cuadrillas de escaladores y la multitud menuda del servicio de las acémilas. Rompieron la marcha los farautes que deteniéndose de trecho en trecho, proclamaban en voz alta y a son de caja las cédulas del rey llamando a sus feudatarios a la guerra de moriscos, y requiriendo a las villas y sitios libres a fin de que dieran paso y ayuda a sus huestes. La multitud corrió a agolparse en los ribazos del sendero para ver más a su sabor las refulgentes armaduras y los lujosos arreos del séquito del conde de Gómara, célebre en toda la comarca por su esplendidez y sus riquezas. El cielo nos va a ayudar en la santa empresa; conquistaremos a Sevilla, y el rey nos dará feudos en las riberas del Guadalquivir a los conquistadores. Entonces volveré en tu busca y nos vamos a ir juntos a habitar en aquel paraíso de los árabes, donde dicen que hasta el cielo es más limpio y más azul que el de Castilla. Margarita lloraba con la cara oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las lágrimas corrían sigilosas a lo largo de sus mejillas, deslizándose por entre sus dedos para caer en la tierra hacia la que había doblado su frente.

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El conde de Gómara se encontraba en la tienda sentado en un escaño de alerce, inmóvil, pálido, terrible, las manos cruzadas sobre la empuñadura del montante y los ojos fijos en el espacio, con esa vaguedad del que semeja mirar un objeto y, sin embargo, no ve nada de cuanto hay a su alrededor. Después vino el escudero mayor de la vivienda, armado de punta en blanco, caballero sobre un potro morcillo, llevando en sus manos el pendón de rico-hombre con sus motes y sus calderas, y al estribo izquierdo el ejecutor de las justicias del señorío, vestido de negro y colorado. Las críticas de los clientes del servicio, incluidas las votaciones del producto, asisten a otros clientes del servicio a obtener más información sobre el producto y a elegir si es el adecuado para ellos. Al oír la canción el conde, la asoció con su historia de amor con Margarita. Por lo que la mano de su prometida descansó para toda la vida en paz. Los alumnos de 4ºESO, tras leer las reconocidas leyendas del escritor Gustavo Adolfo Bécquer, realizan vídeos contando los razonamientos de estos cuentos.

Es una historia asfixiante sobre 2 conjunto , en uno son todos chicos y una muchacha, y el otro, todas chicas y un chicos. LA AVENTURA DE ZAIDA Érase una vez, en un país muy lejano, un ser extraño que vivía solo en las cuevas de una montaña enigmática que se afirmaba estaba. \’La promesa\’ es una hermosa leyenda de Bécquer para pequeños. Una leyenda de Soria, España, que fue recogida por medio de un romance anónimo muy antiguo. Para poder ver las definiciones de las palabras, haz click en el número. Escribe la palabra en el hueco, junto a la definición, y aprieta en el botón Insertar para colocarla en el crucigrama.

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Precedían al escudero mayor hasta veinta esos famosos trompeteros de la tierra llana, insignes en las crónicas de nuestros reyes por la increíble fuerza de sus pulmones. Al llegar a este punto, Margarita levantó sus ojos llenos de lágrimas para fijarlos en los de su apasionado, y removió los labios como para dirigirle la palabra; pero su voz se ahogó en un sollozo. Los rumores del campo se apagaban; el viento de la tarde dormía, y las sombras comenzaban a envolver los espesos árboles del soto.

Ocurrió que a lo largo del funeral y tiempo después por mucha tierra que echasen encima, la mano que llevaba el anillo de la promesa de la joven, jamás se sepultaba. Ingreso instantáneo a millones de ebooks, audiolibros, revistas, podcasts y mucho más. Después que este, arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la suya la mano de Margarita, y un sacerdote autorizado por el Papa bendijo la lúgubre unión, es fama que cesó el prodigio, y la mano muerta se hundió para siempre. La compañía de Don Fernando, entre las mucho más heroicas y atrevidas de aquella época, había traído a su alrededor a los mucho más insignes guerreros de los distintos reinos de la Península, no faltando algunos que de países extraños y distantes vinieran asimismo; llamados por la popularidad, a juntar sus esfuerzos a los del santo rey.

Leyendas De Gustavo Adolfo Bécquer ( : La Promesa

Cuando el conde llegó cerca del conjunto que formaban el romero y sus admiradores, empezaba este a templar una suerte de bandolín o guzla árabe con que se acompaña en la relación de sus romances. El conde de Gómara, acompañado de su fiel escudero, atravesó por entre los animados grupos sin levantar los ojos de la tierra, silencioso, triste, como si ningún objeto hiriese su vista ni llegase a su oído el rumor más leve. Andaba maquinalmente, a la forma que un sonámbulo, cuyo espíritu se agita en el mundo de los sueños, se desplaza y marcha sin la conciencia de sus acciones y como arrastrado por una intención ajena a la suya. El ejército de Don Fernando, tras salir de Córdoba, había venido por sus jornadas hasta Sevilla, no sin haber luchado antes en Écija, Carmona y Alcalá del Río de Guadaira, donde, una vez expugnado el famoso castillo, puso los reales a la visión de los infieles. Entonces, envueltos en la nube de polvo que levantaba el casco de sus caballos, y lanzando chispas de luz de sus petos de hierro, pasaron los hombres de armas del castillo formados en gruesos pelotones, que semejaban a lo lejos un bosque de lanzas.

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Siendo deshonrada, la joven deshonró a su familia y de ahí que, su hermano la mató. Por entre las calles de aquella improvisada localidad circulaban en todas direcciones multitud de soldados que comentando dialectos distintos, y vestidos cada quien al empleo de su país y cada cual armado a su guisa, formaban un extraño y pintoresco contraste. Si una muchacha es deshonrada, lo es al mismo tiempo su familia, y por ello esta fue asesinada por su hermano. Si bien éste había intentado borrar la crónica de Margarita y el Conde, la mano en la que llevaba el anillo nunca continuó enterrada. Esta historia de historia legendaria trata de una mujer que se llamaba Margarita y que tenía un amante, el cual afirmaba ser un sencillo escudero. El debía partir a la guerra, pero le logró la promesa de volver para no deshonrarla y por este motivo le obsequió un anillo.

Al pronunciar estas últimas expresiones, el conde se puso parado y dio ciertos pasos como fuera de sí y embargado de un terror profundo. En el momento en que dejó de herir el viento el agudo clamor de la excelente trompetería, empezó a oírse un rumor sordo, acompasado y uniforme. Eran los peones de la mesnada, armados de largas picas y provistos de sendas adargas de cuero.

Margarita prosiguió a Pedro con los ojos hasta el momento en que su sombra se confundió entre la niebla de la noche; y cuando ya no pudo distinguirle, se volvió de manera lenta al sitio, donde la aguardaban sus hermanos. Volveré, te lo juro; volveré a cumplir la palabra ceremoniosamente empeñada el día en que puse en tus manos ese anillo, símbolo de una promesa. Muchas de las leyendas de Bécquer están ambientadas en la Edad Media. Este fragmento de La promesa describe el campamento que el rey Fernando III había levantado para apoderarse la localidad.